Te conocí en un bazar

entre cuadros, y revistas, camisetas, discos y jeans

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miércoles, mayo 30, 2007

Laura no es Perú

Una de las cosas que más me está impactando en Medellín, es la relación casi inmediata para la mayoría de personas entre Perú y Laura Bozzo, casi como si fueran sinónimos. Ahora caigo en cuenta que mientras pegada a mi sillón veía y reveía Seinfeld, en Colombia los televidentes que gozaban de la antena “Perúbólica”, como la llaman, iban llenando su imaginario de las inolvidables escenas que la abogada regalaba.
Hace unos días, cuando fui a conocer el espacio artístico La Jíkara, en el barrio de Castilla, tuve un diálogo de impacto con una vendedora de salchipapas y los “sardinos” que la acompañaban, recibiendo uno de los piropos más raros que alguna vez he oído. Un chico, de unos 15 años, al enterarse que era peruana, me dijo: “Yo que pensaba que en Perú no habían chicas bonitas, discúlpeme, pero usted es la primera que veo”. Y agregó “creía que todas eran como las que salen en Laura”. La vendedora, que era amable, risueña y que incluso usó mi cuerpo para mostrar cómo se baila el reggaeton en Medellín (bastante parecido a como en Lima, claro, así que podrán imaginar la hilaridad de la situación), me hizo pruebas matemáticas para comprobar que si de veritas no todos los peruanos éramos burros, como ella concluía después de haber visto el programa en repetidas ocasiones.
Y una nueva amiga, artista bogotana, nos preguntaba que si era cierto que en Perú la gente se la pasaba viviendo y peleando en polladas todo el día, demostrando que la cómplice de la dictadura desvirtuó no sólo las ideas extranjeras acerca de nuestras formas de comunicarnos si no que también transformó a la actividad de la pollada en algo nefasto y temible, alejándola totalmente de su carácter de espacio de reunión y comunión, así como de hecho autogestionario relacionado a la inserción económica de los migrantes en la capital.
Otro prejuicio generalizado es la aceptación como verdad de las bondades de la comida peruana, que muchos llaman por acá “la mejor del mundo”, aún sin haberla probado. Y Miguel comentaba que le parecía curioso eso, pues se preguntaba si entonces la gente pensaba que toda esa comida maravillosa era hecha en carritos sangucheros, como la herencia de Laura en América podría hacer suponer.
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domingo, mayo 06, 2007

Las favoritas de Brasil III: Sao Paulo

El hombre más peludo de Sao Paulo. Aunque sea increíble, se estaba afeitando en ese momento, en una de las plazas más turísticas, dándole mejores motivos para su recordación que sus aburridos azulejos coloniales.


Siempre a tono con los tiempos, los brasileños cambiaron rapidísimamente sus vitrinas, desterrando la decoración crnavalesca para remplazarla por perturbadores conejos pascuenses.
No necesitaban cartel de "No tocar" estas frutas de fucsia radioactivo. El contacto parecía prometer una alteración permanente de la melanina del atrevido. Mejor imposible.
Las calles paulistas eran un ejemplo de invasión juvenil y este fue mi afiche preferido. Yo también te quiero con limón.

Muchacha recelosa en el barrio chino, mientras buscábamos el buffette más rendidor y barato, como si estuviéramos en la Calle Capón. Terminamos en el menos oriental de todos, rodeado de japoneses adictos a los ostiones. Inexplicablemente comían una docena cada uno, casi como yo.


La Rua Augusta, recomendada con razón por los amigos cariocas, estaba llena de sorpresas en las esquinas. Entre prostitutas, jóvenes y cervezas, se encontraban las paredes más invadidas y me agarró la lluvia que rompió el record anual, sin paraguas.

Me perdí esta fiesta de afiche prometedor, descubierto camino al Mercado Municipal de Sao Paulo, pero compré compilados piratas de "Black Music", que abrazaban como "black" todo lo relacionado al funk y al hip hop, incluyendo a Eminem en una generosa adopción que se ríe a caracajadas del cambio de color de Jacko. La reinvindicación de la cultura negra en Brasil es fuerte y casi irreflexiva en su vehemencia. Los mercados de pulgas evidenciaban un consumo muy grande de música funk setentera en los vinilos que llenaban las veredas y los "Polvos azules" brasileños unían ese gusto con el del hip hop actual, creando una especie de hilo conductor que iba de James Brown a Tupac, de Donna Summer a Beyoncé sin el menor reparo, y que tenía en Bob Marley a uno de sus íconos máximos. Polos con la palabra "negro" y estampados de cabezas con peinados afro eran las alternativas ofrecidas para los orgullosos de su color oscuro, que yo envidiaba.

Graffitti paulista para dejarnos boquibiertos y correr el riesgo de ser atropellados mientras nos sorprendía luciéndose en los rincones más inverosímiles. (A esas crews sí que me uniría!)

El modo más original de anunciar los empleos ofrecidos lo tenían los carteles humanos, que llenaban la calle junto a nuestro hostal con sus ofrecimientos de "admiten se mocas".

Y publicidad anti Bush por doquier, en la ciudad que expresaba más abierta y eufóricamente su oposición a la visita del demente. Mientras tanto, en Perú, ni pío.
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Las favoritas de Brasil II: Paraty

Nada que agregar. Un cartel hermoso bajo un sol brillante. Y que ganas de ser esa niña, montando bicicleta sobre un helado gigante...
La bahía de Paraty estaba llena de botecitos de muchos colores y estos fueron los ganadores: No Limits y Flach Dance. Me hacen recordar al bote Mestre Patrick, que nos trajo de regreso de Lopez Mendes a Ihla Grande a ritmo de techno noventero. Que alegría indescriptible ver el atardecer más hipnotizador escuchando "Please Don`t go" y "Mr. vain", pensando en Saturday Night Live y en Kristy, en hacer coreografías con trajes de aerobic y en las fiestas del colegio donde bailábamos Ace of Base, mientras la naturaleza se sincroniza con los beats más pacharacos.
Una mochila que no compré en un momento de extraño ahorro. Que lindo fue descubrir que "jugar" se dice "brincar" y escuchar la palabra con acento portugués. Brincadeiras, brincos, brincadeiras...
Lo más bonito de Paraty eran las bicicletas. Estaban por todos lados, era el pueblo más ciclista que visité en este viaje y quienes las manejan se ganan siempre mi simpatía inmediata, así que los paratyanos me cayeron de lo mejor, pedaleando a la orilla del mar, deteniéndose para tomar jugo de hortelá con abacaxi o para dar paso a los niños que corrían volando sus cometas de modelos extraños .

Un Bart insuperable, brazicorto y concentrado en la victoria. Pintado en la parte más barrio de Paraty, donde las calles estaban invadidas por improvisadas canchitas de futbol que garantizan el hexa campeonato.

Cerca estaba esta pared. Pensé en mi hermana cuando tomé la foto. Las dos disfrutamos demasiado las versiones bambas de los dibujos animados y sobre todo, de Piolín.


Otra vez, nada que agregar.
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martes, mayo 01, 2007

Mi fin de semana: un cuasi ídolo de pubertad y una de ahora, de verdad.

El sábado al medio día llegué a mi nuevo taller con mi nueva llave y pasé cinco minutos tratando inultimente de abrir la puerta. Llamé a Chancy para pedir consejo, pero dar consejos telefónicos sobre cómo abrir una puerta es casi tan absurdo como llamar para recibirlos. Decidí pedirle a la primera persona que pasara que la abriera por mí, y para mi sorpresa, al voltear, estaba presto a auxiliarme Julián Legaspi. Era muy tarde para no hablarle, pues mi gesto de acercamiento había sido decidido y él se mostró complacido de socorrer a una dama en apuros. Para mi verguenza, la abrió en un segundo, y al agradecerle, me contestó "de nada, linda", mirándome fijamente a los ojos. Trece años atrás me hubiera emocionado demasiado, pero ahora empieza a tener canas y ya no veo telenovelas nacionales. Además siempre preferí a Renato Rossini, aunque mi nuevo vecino me enternece en su actitud de sereno amante de la vida de barrio.


Mi tarde de domingo fue la más desperdiciada de la última década, pegada a mi tele y sofá, salvo por la suerte de haber conocido a Rell Sunn, gracias a un documental visto en el canal del estado. Rell Sunn, nacida en 1950 en Hawaii, fue una de las mujeres fundadoras de la Asociación Profesional de Surf Femenino en 1979 y la primera mujer salvavidas en Hawaii. De chica tuvo que competir contra hombres pues no existía la categoría de mujeres y ganó incluso hasta después de regresar de una fuerte operación, pues a los 32 años le diagnosticaron cáncer de mamas, dándole un año más de vida. Lidió con eso ante la extrañeza de la gente pues la enfermedad no era tan común entonces, y tuvo que soportar la pérdida de un sponsor al realizarse una masectomía, mientras cuidaba a su hija pues era madre soltera, organizaba campeonatos de tabla para niños, charlas sobre la detección de tumores para mujeres (desafiando la costumbre de su país de no hablar de los males para que no crezcan) y daba sesiones de rehabilitación para ancianos. A pesar de las múltiples operaciones que le realizaron, que incluyeron un cambio de médula, Sunn nunca dejó de surfear, y su natal Makaha (donde era llamada Queen of Makaha, o Auntie Rell) fue testigo de los constantes cambios que sufrió su cuerpo, por que lo que nunca cambió fue que desarrollara su vida al borde del mar, y en ropa de baño. Era impactante ver la fuerza y la humildad que tenía Sunn, pero sobre todo su capacidad de matener el sentido del humor en situaciones tan inverosímiles como cuando, ante la pregunta de un niño en la orilla "¿qué buscas, Antie Rell?", ella respondiera sin dudar "mi teta", pues las pérdidas de prótesis o de gorros para disimular la calvicie en las olas no eran cosa rara. Y emocionante la vez que ante su imposibilidad de encontrar el gorro que usaba, salió del mar llorando y se fue directo a casa para regresar al día siguiente y encontrar que todos en la playa llevaban los mismos gorros que ella necesitaba. Rell Sunn era hermosa y tenía una increíble combinación de buscar cambios con acciones concretas y un gran respeto por la tradición e identidad de su país. Bailaba el hula y su nombre en hawaiiano "Ka-polioka'ehukai", significaba "corazón del mar". Murió los 48 años en 1998 y como cantaba Madonna (otra ídola) más tarde en el canal 23, aunque "it`s so hard to find someone to admire", de vez en cuando pasa y es un alivio de lo más energizante.



Ayer por la noche miraba en un baño la frase que alguna vez escribí en la pared: "¿por qué no llegas?", tratando de recordar a quién había estado dedicada. Y aunque me parecía que no estaba entre quienes bailaban afuera, no pude hacerlo. Que extraño pensar en el contraste entre el olvido actual y lo que debí haber pensado aquella noche. La nostalgia en ebriedad es demasiado poderosa.
 
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