Te conocí en un bazar

entre cuadros, y revistas, camisetas, discos y jeans

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lunes, septiembre 29, 2008

Como seres de Cocteau

Luis dice:
fue el amante
Luis dice:
un tipo de 45 años
Luis dice:
lo estan buscando
Luis dice:
fue un crimen pasional

Empecé este blog por la impresión que me causó Tarnation, hace mucho tiempo. Lo he dejado abandonado, pero de vez en cuando ciertas cosas me hacen volver a las ganas de postear. Casi siempre son motivos de celebración.
Hoy es la muerte de Cocó.
Y no son ganas, es pura reacción, es instinto, es algo raro y fuerte, como la pena que me ha dado.
Cuando lo conocí me sorprendió un poco su aparente sequedad. Me reconfortó ver que teníamos varias cosas en común mientras conversábamos y así dejó de importarme el parecerle muy lorna con las preguntas que le hacía para mi fanzine.
Esa distancia desde la que hablaba era natural a alguien para quien lo más importante había resultado ser el poder encontrar y defender un espacio íntimo de ilusión y dulzura dentro de la sociedad, con la que estaba tan disconforme.
Que cruel que ese espacio haya sido violentado de este modo.
Luis tiene razón, se siente un gran silencio ahora.
Por suerte las canciones de Cielo lo invadirán suavemente.


4 páginas de la entrevista que le hice para 2 Chicas, a comienzos del año pasado cuando vino, y nos hizo bailar...

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jueves, julio 24, 2008

Influencias de la hermana

Hoy regresé a casa en bici de madrugada luego de beber, después de mucho tiempo, como antes. Tan dueña de la pista me sentía, tanta pericia era la mía que hasta contesté un par de mensajes de texto en el celular con la mano derecha mientras con la izquierda sostenía mi chueco timón.
Y me dieron ganas de postear algo después de mucho tiempo, a pesar de la cantidad de listas mentales de cosas posteables que he hecho en estos meses, y sobre todo a pesar de este artículo tan paja que me mandó mi hermana ayer.
Estaba muy de acuerdo en todo, pero sufría porque a diferencia del autor, todavía mantengo mi capacidad de leer textos largos en libros, pero no en la red. En realidad nunca he disfrutado mucho leer desde la pantalla, al menos cosas extensas, y seguir este artículo de principio a fin me costó. Pero valió la pena ser consecuente y llegar hasta la última línea mientras mi rabillo del ojo rogaba porque la barrita al lado de la pantalla bajara más rapidamente. Y luego Juan me contestó el envío de ese link, con este otro, quizá incluso mejor que el primero por la concisión y la inclusión de una cierta emotividad autobiográfica a la que como es sabido, pocas veces puedo resistirme.
En los últimos años he recuperado mi hábito de leer, olvidado durante mucho tiempo (de lo cual responsabilizo abiertamente a la facultad de artes de la católica) y el lado material del asunto es indesligable para mí del placer de la acción y de la asimilación de lo leído: desde los olores del papel hasta subrayar y anotar cosas a los lados de los párrafos que conecto con ideas que rondan mi cabeza en el momento en que elijo un libro determinado. Ordenar los libros o fotocopias de textos de acuerdo a las relaciones que establezco entre ellos me resulta mucho más atractivo que acumular direcciones en los "favoritos", a los que casi nunca vuelvo.
Pero desvarío a raíz del artículo en cuestión y porque el montar bicicleta por el malecón de madrugada me dio ganas de escribir en el blog sin saber realmente acerca de qué.
Recuerdo que la semana pasada pensé escribir algo acerca de Los Malditos Gatos de Lima, luego de verlos por primera vez en concierto. Me gustó que la vocalista sea una chica que no aparentaba a primera impresión la actitud que luego tendría en el escenario: desenfado total al empujar a su compañero guitarrista en su divertido pogo de a uno y al frotarse contra el suelo, pero sobre todo al tratar de cantar con su caja de cartón con huecos puesta en la cabeza. Se la quitaba y volvía a poner mientras tocaban una mezcla de Surfing bird con Demolición, que en vez de tatatatayayayaaaa decía "somos los gagagagagatoooos", con los que se ganaron mi incondicionalidad. Con esa y con otra potente y sencilla canción, una especie de grito de independencia de escueta rabia que coreaba algo así como "esta noche la pasaré bien y contigo no será".
El baterista era gordo y grande. El bajista flaco y alto, como sacado de alguna historieta de fanzine ochentero, con bandana en el cuello y una energía epiléctica de las necesarias para convencer cuando se toca "plagio punk". Así que un poco de muchos músicos se me venía a la cabeza mientras los oía, incluyendo a Daddy Yankee por su divertido cover de Rompe rompe rompe break it down(¿cómo no notamos antes el oculto sentido punk de la letra del boricua?), camuflado en la vibración crampsiana que tuvo la tocada en general para mí.
No recuerdo las otras cosas en mi lista de elegidos para revivir el blog con bombos y platillos, pero para terminar esta pequeña improvisación, tendría que aclarar que el dominio del pedaleo luego de la rica rubia, y el grado de placer no hubiera sido el mismo sin el acompañamiento musical de The trojan reggae sisters, y la arrulladora voz de Susan Cadogan en los audífonos.
Pero como no tengo sueño aún, romperé el estado de ensoñación en que me dejó la jamaiquina para caer en las garras del vicio que me contagió mi hermana hace unos días, el poderoso Dinky Smash. Aún me sorprendo de haber caído de este modo, no me pasaba así desde Mario World.

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miércoles, abril 09, 2008

Memoria Power Pop



El fin de semana pasado estuve en ciertas situaciones que me hicieron recordar experiencias del pasado cercano. Una fiesta a la que asistí el viernes y en la que puse música, me hizo recordar mucho los últimos años. Había sido testigo toda la semana del amor que pusieron estos amigos en planearla, pidiendo con mucha anticipación los sets lists, haciendo regalos para los asistentes, mandando mails, y divirtiéndose imaginando los outfits de la noche. Me hicieron pensar con nostalgia y cariño en un grupo de amigos que me salvó la vida durante el último ciclo de la universidad, en que estaba a punto de explotar de la impotencia, el aburrimiento y la depresión. Nos conectamos por compartir intereses comunes alrededor del cine, el video y la música y nuestra forma de conocernos fue justamente intercambiando todo lo posible, todo el tiempo. Nos reuníamos a ver películas, así fuera apretados en una cama frente a la pequeña pantalla de una lap top, arrimados en el piso, o a veces con más suerte, con algún proyector robado. Las computadoras estaban permanentemente bajando cosas y nosotros buscando escapes para los invariables puntos de baile limeños. Mi amistad con Rat y Deb nació en la discoteca Miami Beach, mientras reforzábamos nuestras ganas de que hubieran más cosas organizadas por chicas, más chicas djs, o simplemente menos "novias de". Así también pasó con Alan, Luis y Jd, con los que, aunque con menos frecuencia, seguimos compartiendo los nuevos descubrimientos. Ese grupo creció mucho y cambió bastante también, conocimos a los vagos, que nos pusieron sobrenombre también, y a mucha gente más. Surgió Electric Youth y desde entonces, realmente como una familia, nos reunimos, separamos, enamoramos y desenamoramos todo el tiempo. Pero desde entonces entre ellos está la gente con la que más disfruto bailar y a quienes más disfruto ver bailar. Así que fue un placer reencontrarme con el entusiasmo de zambullirme en música nueva para poner a moverse a la gente que quiero, que es algo que no hacía hace mucho.
Agradezco a estos chicos la sensación pre, durante y post fiesta, que me hicieron recordar esas energías y esa etapa en que toda la fuerza de 15 días puede concentrarse en estallar una sola noche. Y con eso basta, hasta que se inventa un motivo para planear la próxima.
Al día siguiente había un concierto con motivo de otro aniversario del autogolpe del 5 de abril. En medio del juicio a Fujimori, me parecía una ocasión imperdible para chismear en qué estaba la gente que iba. La selección de grupos era buena, pero finalmente quedó demostrado que esa era la única razón para asistir del público. Razones extrictamente musicales y cero conciencia acerca de lo que se estaba tratando de poner en discusión. El público de monocromáticos chiquillos que estuvo al comienzo, habitúes del centro y de rock en el parque, desapareció luego de corear a Diazepunk y a Aeropajitas. Y el público que se podía ver más típicamente barranquino, fue por Bareto, La Mente, y supongo que satisfizo su curiosidad al escuchar a unos alicaídos Destellos, si es que no los conocían aún, en una versión bastante más deslucida que la que debieron dar más tarde en su tradicional Club Amazonas, donde deben sentirse más a gusto hinchando el pecho con su corazoncito pro chino. No hubieron momentos estremecedores, como en los conciertos por la paz en Colombia, donde los jóvenes sienten bastante más hondo la coyuntura local, ni aunque sea una abstracta pero potente sensación de descontento en el aire como años atrás se sentía en el Campo de Marte, en el estadio de Miraflores o otros lugares donde se organizaron cosas parecidas en momentos que ahora se revelan tan distintos.
De ese día me quedo con el placer de ver a la bajista de Laurita Pacheco, ondeando su larguísimo pelo al compás del arpa, el baile con Jeni en el backstage y nuestro desconcierto al ampayar a la monstruo cortándose las uñas en medio de las canciones más toneras. La intromisión de un globo rojo en medio del pogo más punkeke y mi sorpresa ante la emoción que aún me transmiten algunas canciones de Aeropajitas en vivo, pogueadas con los amigos, a pesar de las sayonaras y los dedos pisoteados, que creo que fueron la sensación más cercana que tuve esa noche a la uoouoouooouooo...Resistencia!.
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martes, febrero 26, 2008

chicas en el mar

Tenía pensado hace días escribir acerca de unas chicas que escuchaba conversar el otro día en Cascadas. Eran un par de púberes que evitaban al sol bajo la sombrilla mientras hablaban del sabor del pollo del Norky`s. Trataba de escuchar el resto de su conversación, pero me distraía la imagen que tenía al costado: un familia conformada por una madre, un padre y una hija de unos 19. Me daba curiosidad que pensaría el padre, casi anciano, del cuerpo de su hija, tan bonito. No podía dejar de mirarla cada cierto rato, hasta que me concentré en la madre que llegaba con un pequeño balde de plástco a mojar las manos del padre, que en ningún momento se acercó al mar. Pensé entonces en las playas de más al sur y me preguntaba si 90 kilómetros más abajo, eran las madres de familia también las que llevaban agua a los padres, o eran personas con sueldo y uniforme. Me sentía afortunada de estar en esa playa, con tantas cosas para mirar y mi hermana a mi lado, comentándome lo que veíamos casi telepáticamente.
Una ola grande llegó cerca de nosotras y tumbó una carretilla de helados, causando un entusiasmado alboroto. Creo que la gente imaginó un saqueo playero, pero afortunadamente la heladera no sufrió más que el susto. La gente reía con ganas, sin temer señalar o mirar fijamente.
Había pensado en un final que sonara lindo para este post, luego de tanto tiempo sin hacer alguno. Pero ahora mi cabeza está monotemática, y no puedo escribir sobre lo que de verdad me importa. No puedo verbalizarlo bien, así que prefiero distraerme: voy al cine, leo La Romana, tomo fotos, monto bicicleta y veo a los amigos. Me despierto temprano y el día es largo. Los amigos son una suerte y quisiera que fuera posible que pase el tiempo rapidísimo sin que acabe el verano. Saltar de frente al próximo, quizá o retroceder al comienzo de este. A la primera ida a la playa, a la primera raspadilla, o a antes de eso incluso, al comienzo de todo.
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lunes, diciembre 10, 2007

Los últimos meses...










Desorden de fotos de octubre, noviembre y diciembre.
Entre tanto desorden:

Volvió Diego, con su chica, y los inoperantes se reunieron otra vez.
Vino Martín.
Perdí mi discman, la conciencia y los papeles, gracias al exceso de pisco y buenos momentos junto al malecón.
Me reencontré con un amigo que estuvo casi en coma y ahora espera un hijo.
Hablé en una charla, con público y micrófono. Por primera vez del otro lado de la mes, todo se veía gracioso y yo no dejaba de mover las piernas, pensando que un mantel me cubría. Un señor dijo que yo tengo "todo el mundo por delante".
Volvió Kristy, tan fugazmente que para algunos fue leyenda urbana.
Un hombre nos dijo que éramos buenas y puras y que debía advertirnos que los extraterrestres estaban buscando con quienes mejorar su raza, porque el exceso de tecnología los había hecho olvidar lo que es el amor.
Me pelié con unos serenazgos.
Tres amigos queridos inauguraron exposiciones.
Dos amigas queridas presentaron sus libros.
Presentamos finalmente nuestra revista, y casi ni se notó de tanto que bailábamos.
Comí comidas caseras hechas con amor. (Me han estado alimentando mucho)
Pedí en vano que salga el sol, pero comí muchos helados.
Leí 3 libros, lloré con uno de ellos, y con varias películas.
Conocí un bonito taller y ayudé a reconstruir un trabajo 30 años después.
Atrapé a una ladrona. Me reconcilié con un serenazgo, ahora me quiere y sonríe mucho.
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viernes, octubre 05, 2007

A un suicida en una estación de tren

Anteyer se cumplieron 30 años de la muerte de Luchito. Del suicidio, para hablar con propiedad, como me hicieran notar en un bar la otra noche.
Dos poemas y una imagen:




EN BATEAU

Si supieras
Que en la poesía
No hay orden
Ni desorden

Acá se pueden ver páginas de sus cuadernos, que demuestran por qué odiaba escribir con tinta seca. Fue, además de campeón en pechito al atardecer y en huevear a los entrevistadores, uno de los primeros fanáticos del plumón...
Que ganas de caminar por la calle 6 de agosto.
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viernes, agosto 10, 2007

Paredes orgullosas





Cuando caminaba por el centro de Bogotá, me sorprendía encontrar paredes con pintas celebrando la diversidad sexual. Mujeres que declaraban su amor a otras mujeres, y que demandaban, seguras de sí mismas, atención al problema de discriminación que viven quienes "sienten diverso" allá, más allá y acá también porsupuesto, pero que no había encontrado aún expresión en las paredes limeñas, al menos que yo hubiera visto.
A pesar del conservadurismo que pudiera haber en Colombia, hacía mucho que no veía parejas de lesbianas expresando abiertamente su amor en la calle como ocurría por allá y esas pintas se me hacían sencillamente liberadoras, me gustaban. En Medellín vi una escena muy bonita de un par de chicas como de quince años, sentadas en el suelo: una apoyada en la pared del Palacio de Bellas Artes, y la otra un poco recostada sobre su pareja, a quien besaba. El sol quemaba, se veían felices.

A los pocos días de mi regreso a Lima, hace ya como un mes, caminaba por Camaná cuando me detuve a tomar este par de fotos a las primeras pintas de ese tipo que haya visto en Lima. Un par de días antes había estado en la ciudad, Julieta Paredes de Mujeres Creando, que firmaba de ese modo una de las paredes que me alegraron esa tarde. Me había apenado que mi llegada no fuera a tiempo para sus conferencias, pero me gustó ver que su paso por acá dejó un par de paredes expresivas o la chispita necesaria para que otros y otras empezaran a volver militantes de la diversidad a esas viejas paredes de quincha.




El día que tomé las fotos en Bogotá, también tomé una foto a este pequeño graffiti en lapicero, que curiosamente he visto repetido en todo tipo de lugares, ciudades, quizá países, y bastante en Lima. Al parecer, aunque escasean las personas no heterosexuales dispuestas a inmortalizar sus amores con aerosol, siempre abundan quienes encuentran atractiva la idea de ¿tranformar? o ¿descubrir? a sus lectores con este bizarro veredicto...y casi siempre tienen faltas ortográficas...

 
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