Te conocí en un bazar

entre cuadros, y revistas, camisetas, discos y jeans

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viernes, febrero 02, 2007

El sobre abierto de Alfredo Marquez

Alfredo Marquez presentó su portafolio de trabajo plástico en La Culpable (Barranco). Su conocida trayectoria, al menos para las personas relacionadas con el circuito de arte local limeño desanimó a algunos conocidos míos de asistir. Pensaban que no habrían sorpresas, lo cual puede tener que ver con un pensamiento a veces generalizado acerca del llamado "arte político".
Pero ayer había que estar ahí.
Había que ver el comienzo de su carrera, juntando cañas, piedras, maderas y armando perecibles instalaciones al rededor de la Facultad de Arauitectura de la Universidad Ricardo Palma en fotos tomadas sin la conciencia de la importancia del registro de la "obra", junto a amigos entusiastas que hacían lo que hacían por las ganas rebosantes de aprovechar los abundantes materiales de deshecho. La basura que la institucionalidad universitaria descartaba, los restos del orden reacomodados en los espacios que aún no estaban totalmente bajo el control de las autoridades. Lo que ejemplificaba lo que seguiría haciendo posteriormente a lo largo de los años, siempre en equipo y con atención a los puntos flacos de los mandamases.
Recordando cada cierto rato lo (lamentablemente no tan) inverosímil de estar bajo el gobierno de Alan García otra vez, Alfredo nos hacía confrontarnos con imágenes de los jóvenes subtes limeños en los 80`s y su relación con algunos artistas, que improvisaban para ellos escenarios con materiales reciclados. Como él decía, nada estable, ni aparatoso, sin ningún logo de gaseosa impreso. De una época en que, viéndolo desde ahora, parecía que ni los íconos ni las palabras habían sido tan usadas y cada quien se sentía libre de hacerlo, sin pensar en la posible ingenuidad o carga de pretensión de su uso.
Mientras recordaba mis primeros conciertos punk, alrededor de 1995, cuando Alfredo ya había tomado algunas decisiones ideológicas y estéticas más precisas, alejándose un poco del anarquismo e ímpetu irreflexivo inicial, me preguntaba qué pensaría él de esos conciertos y de los otros tantos que he podido ver en los últimos 12 años, con nuevos y no tan nuevos actores y entusiasmos distintos.
Sobre todo me hacía preguntarme desde cuando (qué edad, qué año, qué época) se perdió el derecho a ser ingenuos, o tomamos distancia de la inocencia (o al menos pretendemos hacerlo, acción que en sí conserva bastante de inocente). Pensaba en mis amigos al rededor y lo diferentes que son nuestras ganas de hacer cosas en relación a aquellas. En cómo manejamos nuestras ganas de abrir espacios, de cambiar formas de vestir o bailar porque parece más cercano que cambiar formas de votar y al mismo tiempo pensaba en nuestra racionalidad: preguntándome en qué momento se hizo grande la autoconciencia de la posibilidad comunicadora de cada pequeña acción, gesto, palabra, en cuánto nos frena ese análisis constante y en lo que también tiene de bueno. En lo triste de sentir desconfianza de expresiones sencillas y en lo complejo de la necesidad de encontrar unas propias (¿Cómo decir ahora "prohibido prohibir"?)
En la responsabilidad que nos da lo que sabemos, lo que hemos aprendido y que nos distancia de nuestros coetáneos que parecen eximidos de este pensar dos veces antes de hacer, entregados sin culpa ni miedo a la música y ropa de moda, a la fascinación del espectáculo, a cierta inconciencia en el consumo.
La experiencia de estar ahí era intensa además por la constante confrontación que buscaba Herbert Rodriguez con sus preguntas: reabrir heridas acerca de las posible filiación terrorista de un amigo de Alfredo o simplemente recordar la imposibilidad de tener claro de qué bando se estaba y pensaba en mis papás, jóvenes izquierdistas de los 70s y en los modos en que cada uno asume el cerrar esas heridas o el dejarlas latentes, como una agonía pequeñita, incurable pero a la vez motivadora. Herbert hacía incapié en la incapacidad de los presentes de imaginar lo vivido entonces por nuestra situación privilegiada como expectadores de esa exposición, es decir, como productores y consumidores del arte local: "élite cultural" y por momentos se hacían (inútiles a mi parecer) reclamos sobre la falta de poder representacional del arte "oficial" a las causas colectivas, que Alfredo contestaba sinceramente, dejando la pelota en la cancha de cada uno, en nuestro compromiso particular con el contexto y la necesidad de una búsqueda honesta de traducción de ideas en acción de acuerdo a cada interés o capacidad personal.
Me mantuve casi aguantando la respiración en varios momentos y no hablé cuando Rai nos sugirió a los más jóvenes que comentáramos lo que nos tocaba de lo visto porque tenía demasiadas ideas y sensaciones encontradas. Agradecí la revisión de las imágenes tomadas por Marquez de la prensa local para buscar dignificar una y otra vez a los afectados por la violencia política por recordarme el potencial dentro de cada foto, de cada periódico y otra vez el temor a la sensaciónde no poder usar algo por su supuesto abuso mediático, pero que en realidad confronta nuestra flojera o comodidad de pensar que no vale que sea usado pues "ya todo se ha vuelto panfleto."
Al final, lo que más me emocionó fue escuchar a Alfredo hablar del amor como motor principal de su trabajo (viéndolo como la causa principal para buscar la dignificación de alguien o algo), palabra poco mencionada en situaciones que involucren al "arte político".
Eso sí era inédito... Y pensar que salió como respuesta a una pregunta que me pareció absurda cuando la escuché, lo que era más coherente aún porque a lo largo de la noche vimos inteligentes resultados del reuso a lo dado por inservible por otros, a lo invisibilizado o considerado sobra.
Después de aquellas tres horas y media parecía casi absurdo salir a beber cervezas, pero al mismo tiempo necesitaba mucho estar con mis amigos...y la noche recién empezaba.

2 Comments:

  • At 2:12 p. m., Blogger Max said…

    Dear, me ha encantado tu post. De hecho, diría que muchas de las preguntas que te haces apuntan a lo mismo, creo. Hay, debo decirlo, un leve manriquismo de tu parte (me refiero a Jorge, el de las “Coplas”) dado que aludes a una pérdida que sugiere un pasado mejor en el tiempo de la “ingenuidad” –mítico, claro. Pero como dices, la voluntad de no-ingenuidad tiene también de ingenua. La pregunta de los orígenes es bien complicada, ya sea formulada como la necesidad de encontrar una expresión “propia” (idea que está imbricada de distintos modos con las ingenuidades, también), o en el poco original reclamo de “originalidad testimonial” (Herbert, acotando “la incapacidad de los presentes de imaginar lo vivido” debido a su situación “privilegiada” que casualmente lo coloca a él en la posición privilegiadísima de über-testigo). Pero, como tú misma señalas, el potencial de una imagen no se agota en su abuso mediático o, lo que es casi lo mismo, su inoriginalidad radical no agotan tu capacidad, no de ingenuidad, sino de ingeniosidad. Quizás la ingenuidad y la originalidad encuentren un punto de encuentro en el amor: cliché y auténtico, ingenuo y astuto, banal y trascendente, como una forma de expresión tan propia y ajena como una caja de bombones en San Valentín.
    Kisses.

     
  • At 8:35 a. m., Blogger lucia said…

    Dear, me ha encantado tu comment!
    Como siempre, pero más, y me pico porque ya no pones en tu perfil la dirección de tu blog y ya no me acuerdo como llegar a él para seguir abriendo cajas de bombones.
    Apenas se me pase el zarpullido que me produce a veces el msn, me conecto y la averiguo por fin!

     

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